Costes que representa un impago

Costes que representa un impago

Los costes que en que incurre la empresa cuando se produce un impagado, no son sólo los de la propia factura no cobrada.

Cuando en la empresa nos devuelven un recibo, cheque o simplemente no atiende el cliente nuestros requerimientos de pago, para nosotros todo esto representa un coste realmente importante y relativamente grave, independientemente del importe de la misma. Los costes que esta situación que nos provoca el impagado, van desde el coste de los bienes o servicios hasta los financieros, por la necesidad de “financiarlo”.

Si la empresa ha emitido una factura, sea de bienes o servicios, siempre es (o debería serlo) por una contraprestación que le hemos realizado a nuestro cliente. Esta contraprestación puede ser el coste del bien que se le suministre incrementado por su manipulación o producción, o bien el coste del tiempo que le hemos dedicado por el servicio ( o un mix de ambos).

– Coste de producción o del servicio. Lo que la empresa obtiene por beneficio no es el importe total de la factura, sino un porcentaje de la misma, que dependerá de cada empresa, por lo que en el momento de producirse el impago de la factura, no solo dejamos de obtener el beneficio, sino que también se produce la pérdida del coste de lo que la empresa ha incurrido para producir lo suministrado y posteriormente facturado.

– Coste financiero. A partir del primer día de retraso en el cobro de una factura se va a producir un coste financiero derivado del retraso. Debemos tener en cuenta (aunque a veces las empresas este hecho no lo contemplan), que si el vencimiento de la factura es de 30 días, este periodo tiene un coste financiero implícito, pero como coste conocido y cuantificado deberá estar incluido en el escandallo de costes del bien o servicio suministrado. La cuantía de este coste dependerá del tiempo en que se tarde en recuperar el impagado y de la propia necesidad de financiación externa de la empresa.

– Coste financiero derivado del efecto impositivo. Deberíamos recordar el Principio Contable del Devengo, la imputación de un ingreso debe anotarse en el momento en que se produce, no cuando se cobra. Esto lleva consigo, por un lado que en el momento de emitir la factura debemos contabilizarla y en consecuencia en las liquidaciones mensuales o trimestrales del IVA/IGIC deben contemplarse, como también en el IS. Existe la posibilidad cuando se produce el impagado y si se cumplen las condiciones, de recuperar estas cantidades liquidadas en los diferentes modelos de impuestos, pero los plazos nos van a llevar a como mínimo 12 meses.

– Coste de oportunidad. Al no haber recibido el importe de la factura en su momento o nunca, implica que no se ha podido utilizar en realizar algún tipo de inversiones previstas o bien destinarlo a otro fin. Este coste es difícil de cuantificar, pero evidentemente es un coste latente cuando se produce el impagado.

– Coste de recuperación. En este punto no deberíamos mezclar los conceptos de gestión de cobro y de recuperación del cobro. Los costes de la gestión de cobro deberían estar, al igual que el coste de mantenimiento de los saldos de clientes o riesgo comercial anteriormente comentados, contemplados en la estructura de costes del servicio o bien suministrado, es decir ya los estaríamos imputando en la propia factura, mientras que los costes de recuperación serán los que incurramos por las gestiones que debamos emprender para poder obtener el ingreso del importe de nuestra factura.

Aquí cabrían todas las acciones y decisiones que realizamos para poder cobrar, desde el coste de devolución de la factura, del personal y su dedicación a la gestión de recobro, los gastos ocasionados por la contratación externa de empresas dedicadas a la recuperación de impagados, letrados en caso de reclamación judicial, hasta la posible quita que se le pueda realizar al cliente moroso y esto, si en el mejor de los casos se obtiene alguna cantidad.

– Coste derivado de la inflación. Si los retrasos en el pago son de pocos días, este efecto de la inflación no tendrá consecuencias importantes, como tampoco lo tendrá si la tasa de inflación es muy pequeña (o negativa). Es conocido por todos que los bienes que hoy podremos adquirir con una cantidad de unidades monetarias fija, no serán las mismas transcurridos por ejemplo un año, es decir si hoy nos deja de pagar una factura y recuperamos el importe de la misma al cabo de 12 meses, seguramente la inversión o utilización de este dinero no será del mismo importe.

Sin duda podemos sacarle más punta a todos estos conceptos de coste que he enumerado y su cuantificación dependerá de cada empresa, de su actividad y estructura de costes, así como en los medios de financiación que utilice y los resultados que obtenga, pero lo que sí es seguro es que una factura impagada merma de una manera importante nuestro beneficio, resultando en muchos casos determinante para la continuidad de la propia empresa.

Estos importantes costes aparecen una vez se ha producido el impago, por lo que no están contemplados en la actividad normal y esto supone un quebranto importante a la cuenta de resultados.

Como soluciones hay pocas, por un lado eliminar el riesgo es totalmente imposible, siempre puede aparecer alguna empresa que deje de pagarnos, pero sí que es cierto que podemos tener las alertas necesarias y saber utilizar los recursos que muchas veces están en nuestras propias organizaciones, siempre que los sepamos utilizar, para minimizar el riesgo o bien facilitar la gestión de la recuperación del cobro, y todo pasa por la prevención.

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